Nada se pierde

Es gratis soñar, nada se pierde, me has dicho
en tu cómodo nido al amparo del Sol.
Mas…tu nada sabes de migajas ni frío,
vagas solo entre sintéticos algodones
impuros, como falsa es la boca que besas,
y efímero el llanto, que dices derramar.

Nada se pierde, dirás tu: nada he perdido,
porque ignoras el golpe certero y la sed.
Eres etéreo, cual un eco extraviado,
no sabes que mi amor te posee dormido,
mi cerca lejana de ilusiones cautiva;
ensueño que apenas, se dispara en el viento.

Olga Teresa

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Sueños

Mi amor te quiero contar
mis sueños maravillosos
tan claros y luminosos
que tengo vida por ti.
Deseos locos en mi
que luchan y se desatan
y rápido se delatan
cual niños a un caramelo,
llevándome por el cielo
en donde a tus labios me atan.

Mis noches son un revuelo
cuando apareces ufano
y me tomas de la mano
para llevarme al país,
del siempre sueño feliz
ni nunca se han despertado,
doncella y enamorado
que hubieran amado allí.
A tu lado yo amanecí,
mi sueño se ha consagrado.

Te miro porque no sé
como pudo suceder
este apego a tu querer
que destapa mis sentidos,
acrecienta los latidos
y no puedo doblegar;
dime tu si este soñar
es un paso en el destino,
o quizás un desatino
que debimos evitar.

Olga Teresa

Extraña familia

Era la familia más extraña de la ciudad.
El papá, Juan Carlos, tenía un trabajo único en el mundo: limpia vidrios. Sí, ya sé, ustedes dirán: es un trabajo de lo más común; pero si les digo limpia vidrios de aviones, ahí la cosa cambia, ¿ verdad?. Sí señores, Juan Carlos era el único empleado del aeropuerto capaz de hacer esa labor, es por eso que estaba bien pago; y no era para menos, su habilidad innata consistía en saltar y mantenerse en el aire cuantas veces era necesario sin cansarse. Conviene aclarar algo, su conservación en el aire era proporcional a la altura de su salto; así que calculen, 5 mts x 5 seg, suficiente para limpiar cada ventanilla del avión. Ahora viene al caso decir que el parabrisas y las ventanas que estaban sobre las alas, las hacía parado, eso sí, había que saltar hasta la nariz y las alas; un juego de niños para él. Y como sería de importante y singular su oficio que le habían puesto un despacho para él solo con un cartel en la puerta que decía: Juan Carlos Alta, principal limpia vidrios aéreo.

La mamá, Stella Maris, se dedicaba al hogar.
Eficiente ama de casa y amorosa madre de Carlitos, un hermoso bebé de un añito y medio. Ella compartía de alguna manera la habilidad de su marido; de hecho fue lo que más le atrajo de él desde que lo vio por primera vez. Y ¿ por qué? dirán ustedes, si eso de andar a los saltos no debería ser nada atractivo para una mujer. Pues verán, ella nació en Australia, tierra de canguros si las hay, y bueno, los saltos de su esposo la hicieron sentir desde el primer momento, como en casa.
Y a partir de entonces que están juntos y felices de la vida; mas su mayor felicidad es su hijo. Pero… ¿cuál es el colmo de su alegría? No podría ser otra cosa que Carlitos saltara y fuera el orgullo del hogar. Y lo era. El bebé dio sus primeros saltitos al año, y es más, lo están entrenando para una competencia internacional de bebés en salto al pañal, que se realizará en tres meses en la ciudad de Saltillo, México. Le dedican dos horas diarias a la práctica; ponen hileras de pañales en la vereda y Carlitos los pasa uno a uno ante la mirada atenta de sus padres y el aplauso de los vecinos, que no le pierden saltito alentándolo para que gane el certamen y deje bien en alto el nombre de su ciudad.

Han pasado tres meses, el pueblo está en el aeropuerto; han ido a recibir al campeón más pequeño del mundo, al orgullo de la ciudad de Salta: Carlitos Alta. Él baja del avión de la mano de sus padres, Stella Maris y Juan Carlos Alta; exhibiendo sonriente la copa de ganador; y, como no podía ser de otra manera, pronto se unen a su gente saltando de alegría.

Olga Teresa

Preguntas

¿Qué? ¿Cómo? ¿Quién?
¿Cuál dice usted?
¿Será?
¿Quizás?
¿ Tal vez?
¿Él vendrá?
¿Cuándo?
¿Adónde irá?
Después, yo quisiera saber:
¿qué hará? ¿cuánto estará
por estas tierras lejanas?
¡No! ¡qué barbaridad! ¡no lo puedo creer!
¿por qué no aceptará preguntas?
¡Vaya! Bueno…pues entonces
si es tan amable,
-¿podría usted transmitirle
unas pocas palabras?
-¡Sí claro cómo no! pero…
¿será breve y concisa?
mucho tiempo no espera.
-¡Por supuesto!¡pierda cuidado!
¡no sea que él se inquiete
o ponga muy ofuscado!
Dígale a mi querido señor,
que se sienta como en su casa,
disfrute bien de la estancia
el aire fresco y el sol,
y cuando le apriete el hambre
y el estómago le haga ruido
tiene en la nevera un bagre
que espera por ser freído.

Olga Teresa

Primavera quiere y Otoño también

Primavera quiere ver
si con la ayuda del viento
se quitaría el tormento
de los amantes lejanos,
dar una flor en sus manos
tan brillante cual Orión
para atraer la ilusión
de sus cuerpos tan distantes,
y que broten los instantes
reclamados de pasión.

Otoño quiere saber
si el viento le traería
fragancias de su Alegría
salpicadas de placer
por lograr reverdecer
sus pasiones escondidas
y no fueran prohibidas
por el tiempo y la distancia.
El amor es abundancia
de besos y despedidas.
Olga Teresa

Natura immobile

Corazón de alcachofa
rojo tomate
boca de fresa
labios malbec.
Mar y cielo
blueberry a lontana
y en la mirada,
verde limón;
mejillas manzana,
ginger dorado
enmarca tu pelo
el gesto burlón.
Campanas de azúcar,
zumbidos de abejas, tu voz
menta, chocolate
y cerezas al ron.
Cuándo será el día
de uvas en suerte
y tréboles flor
revuelto de sueños
en un bodegón.

Olga Teresa